martes, 25 de noviembre de 2008

Espejismos (masticar arena no es lo mismo que comer vidrio)

A veces, la esperanza se acrecienta y nos hace ver cosas que no son. Vivimos caminando en un desierto, sedientos de amor. Creemos haber encontrado un oasis y corremos hacia él con los brazos abiertos. Dejamos atrás el peso de las heridas pasadas, soltamos nuestra cruz y nos sentimos más livianos. Entonces corremos más y más rápido. Llegamos a tirarnos de cabeza a la laguna y, para nuestra decepción, no hacemos más que masticar arena.
La arena esta formada por el resultado de la polución de rocas y minerales. No está nada bueno masticar piedra...de nuevo.
Estiramos los brazos a los costados y damos vueltas en círculos para ver si quizas le erramos por unos pocos centímetros. Pero a nuestro alrededor sólo hay arena.
El peso se torna insostenible sobre nuestras espaldas. El único líquido que tenemos para beber es la salada agua de nuestras lágrimas.
Es que dónde siempre hubo desierto, es imposible que de la nada surja un oasis. Pero necesitábamos tanto beber. No podemos recordar cuándo fue la última vez que bebimos agua fresca. Entonces vemos cosas dónde no las hay. Forzado por el deseo, nuestro cerebro arma construcciones que parecen sólidas, pero caen ante el primer viento.
Es que de algún modo el agua y la arena se parecen. Ambas supieron (y saben) escurrirse entre nuestros dedos cada vez que tratamos de aferrarnos a ellas.
El sol en el desierto es muy fuerte y si lo miramos unos segundos,te puede cegar. Y ante la falta de alimentación real a nuestra visual, vemos oasis dónde no los hay. Porque vemos con las ganas y no con los ojos. Soñamos con satisfacer nuestras necesidades y no vemos las del otro. Y por unos segundos, al menos, nos sentimos acompañados. Es que la vida en el desierto es muy solitaria, y el ser humano no es un animal que pueda vivir sólo.
Habiendo quedado devastados ante la nueva situación, nos disponemos a replantear nuestra ruta. A buscar un oasis de verdad. Algo que nos resfresque y nos quite los últimos trozos de arena que quedaron, todavía, molestando en nuestra boca.
Muchas veces nos enojamos y no creemos que el agua esté hecha para nosotros, que quizás lo mejor es dejar que tiempo siga su curso, buscar otras alternativas, comprar el agua en el supermercado y no volvernos a engañar- Pero si algo se aprende masticando arena es a saber lo que uno busca. Y claramente no buscamos arena. Quizas tampoco encontremos un oasis, pero debemos aprender a disfrutar la búsqueda ya que quizas lo que buscamos y nos refresque tenga una forma completamente distinta...

4 comentarios:

Lidia P. dijo...

Lidia diría que es muy lindo.
Pero me saco la máscara para opinar yo:
Este poema/cuento es muy psiconautico.

Sachiel dijo...

Una forma completamente distinta.. un cactus, por ejemplo.

Cande dijo...

q tan seguras estamos que no nos gusta masticar arena?? por algo seguimos cayendo una y otra vez en el mismo oasis "no vaya a ser q esta sea la posta" y al final cuando vemos un oasis real, lo miramos desconfiadas, sera real?? y si me tiro y hay solo arena?? y no nos tiramos, porq seguro es solo arena! y nos perdimos un oasis en el desierto..
para mi q al fin y al cabo.. somos masticadoras de arena... y nos gusta!

princesavampira dijo...

y si en el medio del desierto aparece un principito?
el problema es q un dia desaparaece no?